Julia Alderette: “El protocolo contra bullying existe, pero en la práctica no se ve”
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En entrevista para M-UTU Periodismo, la experta advierte sobre una situación que afecta a niños, niñas y adolescentes.
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La psicóloga Julia Alderette advierte que el bullying afecta a niños, adolescentes y adultos en el ámbito educativo. Señala las dificultades para detectar el hostigamiento, cuestiona la aplicación de los protocolos y destaca la importancia de pedir ayuda a tiempo.
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El bullying no termina cuando suena el timbre ni distingue edades. Puede comenzar en un salón de clases, continuar en las redes sociales y convertirse en un problema que afecta la salud mental y el desempeño educativo de quienes lo padecen.
Alderette advierte que estas situaciones son más frecuentes de lo que se cree y señala que la falta de detección, la ausencia de herramientas adecuadas y las dificultades para pedir ayuda pueden agravar sus consecuencias. “El protocolo está, pero en la práctica no se ve”, afirma al referirse a la respuesta de las instituciones educativas frente a los casos de acoso.
¿Qué es el bullying y cómo se identifica?
Alderette define el bullying como una conducta de agresión, hostigamiento y humillación que se mantiene de forma sistemática y repetida en el tiempo. Por eso, aclara que no toda agresión aislada constituye necesariamente una situación de bullying.
El fenómeno puede presentarse en distintos niveles educativos, independientemente de la edad de quienes lo sufren. Además de las agresiones físicas y verbales, la psicóloga destaca el papel de la virtualidad, que amplía el alcance del hostigamiento más allá de las paredes del centro educativo.
¿Las redes sociales amplifican la humillación?
Para Alderette, las redes sociales han potenciado el problema. Mientras que antes las agresiones podían quedar limitadas al salón, al patio o al centro educativo, hoy pueden difundirse y viralizarse, aumentando la exposición y el sufrimiento de la víctima.
A esto se suma la dificultad para detectar lo que sucede. Muchas personas que padecen bullying se aíslan, guardan silencio o no cuentan lo que están viviendo por miedo a las amenazas.
“Muchas veces es amenazada para que se mantenga en silencio”, explica la psicóloga. Ese aislamiento puede profundizar el malestar y derivar en situaciones de mayor gravedad relacionadas con la salud mental.
La importancia de detectar las señales
La detección temprana es uno de los principales desafíos. Alderette sostiene que quienes observan la situación desde afuera pueden tener mayores posibilidades de identificar el hostigamiento, especialmente cuando la víctima tiene dificultades para hablar de lo que le sucede.
Entre las señales de alerta menciona la tristeza, el aislamiento, la falta de motivación y el rechazo a asistir a clases.
En ese sentido, considera fundamental capacitar al conjunto de la comunidad educativa y brindar herramientas para reconocer e intervenir ante situaciones de acoso. “La capacitación y las herramientas apropiadas para ayudar a detectar y desactivar estas situaciones de acoso y de humillación constante” son, a su entender, claves para enfrentar el problema.
Alderette también advierte sobre la dimensión del fenómeno en Uruguay y menciona cifras que sitúan entre el 19 % y el 26 % el porcentaje de estudiantes afectados por situaciones de bullying.
Protocolos que no siempre se aplican
Uno de los aspectos más críticos señalados por Alderette es la aplicación de los protocolos de actuación. Según explica, cuando un referente adulto toma conocimiento de una situación de bullying, debe comunicarla a la dirección del centro educativo para que se active el procedimiento correspondiente y se evalúe la intervención necesaria, incluida, cuando corresponda, la participación de profesionales de la psicología.
Sin embargo, cuestiona que la existencia de normas no siempre se traduzca en respuestas efectivas.
Como ejemplo, recordó un caso de agresión entre estudiantes de Medicina y señaló que, según su información, existían antecedentes de hostigamiento hacia otras estudiantes durante la etapa liceal de la persona involucrada.
Para Alderette, situaciones de este tipo ponen de manifiesto la importancia de actuar oportunamente. También advierte sobre una respuesta social que suele intensificarse después de hechos graves, cuando la salud mental vuelve a ocupar el centro del debate, pero pierde visibilidad con el paso del tiempo.
Consecuencias que pueden afectar la salud mental
Las consecuencias del bullying varían según cada persona y las características de la situación. Alderette menciona entre ellas la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático y el desarrollo de adicciones.
En los casos más graves, advierte, el sufrimiento puede derivar en conductas suicidas. Por eso, insiste en que el hostigamiento no debe minimizarse ni considerarse un problema menor entre compañeros.
Pedir ayuda es el primer paso
Frente a una situación de bullying, la recomendación de la psicóloga es clara: no guardar silencio y buscar ayuda.
Alderette aconseja acudir a un adulto de confianza o a un referente del centro educativo, como un docente o un adscripto, y procurar asistencia profesional.
También subraya que quienes no atraviesan directamente una situación de acoso pueden contribuir prestando atención a las señales y evitando naturalizar las agresiones.
En Uruguay existen líneas telefónicas a las que se puede recurrir para solicitar orientación y apoyo. Entre ellas se encuentran la Línea Azul del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), a través del 0800 5050 o del *5050 desde celulares, y la línea de apoyo emocional 0800 1920, mencionada durante la entrevista.
El mensaje final de Alderette apunta a la prevención y a la responsabilidad colectiva: detectar el bullying requiere observar, escuchar y actuar a tiempo, antes de que el sufrimiento se profundice.
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