La vanidad del futbolista como marca personal
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A casi dos meses de haber terminado el Mundial, el evento futbolístico de mayor impacto internacional; vuelve a tener a sus protagonistas bajo la lupa.
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Vinicius JR.
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Las miradas apuntan a una nueva critica, y el enfoque es otro. El cuestionando plantea entender porque los vestuarios han sumado más espejos que los viejos y queridos pizarrones plasmados de clásicos juegos tácticos. La estética, la apariencia de los futbolistas ¿Qué lugar ocupa la estética de los futbolistas?
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Por qué los vestuarios han sumado más espejos que los viejos y queridos pizarrones plasmados de clásicos juegos tácticos. Se hace imposible creer que el compromiso sobre el césped viene cediendo terreno ante la construcción estética personal. Lo que antes se medía en kilómetros recorridos, rebeldía y entrega por la camiseta hoy compite directamente con contratos de patrocinio, canjes o cortes de pelo con diseños llamativos para lucir vistosos y generar impacto. Pero la repercusión no se queda solo en el peinado del domingo. La cirugía plástica se han instalado de lleno en la rutina del atleta profesional.
Casos pioneros como los de Wayne Rooney o Iker Casillas no son un secreto. Hicieron visible la lucha contra la calvicie a través del microinjerto capilar, abriendo una puerta que hoy cruzan figuras de todas partes del mundo.
Héctor Herrera marcó un precedente al someterse a una rinoplastia y una otoplastia para remodelar sus rasgos faciales, un camino similar al de Sergio Ramos, quien combinó intervenciones nasales con la aplicación de bótox y ácido hialurónico en pómulos y mandíbula.
En la cima del mercado global encontramos a Cristiano Ronaldo, quien mantiene una rutina constante de armonización facial y estética dental, mientras que Neymar Jr. recurre al bótox preventivo y a tratamientos dermatológicos especializados.
El caso más reciente es el de Vinicius Jr., cuya intervención de definición mandibular refleja cómo la apariencia en pantalla se gestiona casi al mismo nivel que la preparación física. Aun cuando un sector de la tribuna concede que “cada uno hace con su billetera lo que quiere”, el resto asegura que el conflicto no es un tema financiero, sino de prioridades. El espectador promedio, el que paga entradas cada vez más caras o mantiene la cuota del club al día, nota las diferencias que aparecen cuando se superpone el despliegue estético a sudar lo necesario por el equipo.
Un mundo digital
Exteriorizar emociones, jugar más en equipo o concentrarse en partidos decisivos fueron tradiciones que ya forman parte del pasado. Hoy prevalecen las plataformas digitales, donde los futbolistas muestran una producción impecable enfocada mayormente en su estilo de vida. Y es que el problema no radica en que el deportista cuide su imagen o diversifique sus ingresos. La crítica apunta a una evidente inversión de prioridades. Cuando el rendimiento individual cae, se contagia y la respuesta en el campo refleja desinterés. El fútbol siempre ha sido una disciplina de rendimiento supremo, no un desfile de modas. La tribuna puede perdonar una mala tarde o un error técnico, pero difícilmente perdone la percepción de que el resultado importa menos que la foto posterior al encuentro. Si el futbolista profesional no recalcula el foco y vuelve a la prioridad absoluta, a lo que sucede entre las líneas del césped, la distancia con la gente seguirá ensanchándose hasta romper el último lazo de empatía que sostiene al deporte con el público.
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