Hooliganismo: cuando el fanatismo se vuelve problemático
Completá la nota siguiendo el orden que aparece a continuación. Este es el mismo orden en que se verá publicada.
En Etiquetas seleccioná además:
AUTOR: Nombre Apellido
FOTÓGRAFO: Nombre Apellido
DOCENTE: Nombre Apellido
y la sección correspondiente.
No es necesario borrar las indicaciones: desaparecerán automáticamente cuando se muestre la nota publicada.
El título se escribe en el campo «Título» de Blogger, ubicado arriba de esta área.
Escribí debajo la primera bajada de la nota. Máximo: 150 caracteres con espacios.
Se han formado hasta llegar a ser más que solamente un grupo de fanáticos de un equipo de fútbol, obteniendo un poder estructural abismal y problemático.
No escribas nada aquí. El autor se tomará de la etiqueta AUTOR: y «Publicado por» se completará automáticamente con la cuenta de Blogger.
Colocá el cursor en el espacio siguiente y utilizá el botón Insertar imagen de Blogger.
Escribí debajo el pie de la fotografía. El crédito del fotógrafo se agregará automáticamente desde la etiqueta FOTÓGRAFO:.
Escribí debajo la segunda bajada. En la publicación aparecerá destacada y con la línea roja lateral.
El fenómeno originalmente denominado hooliganismo, y que posteriormente recibió otras denominaciones, como las de ultras o barras bravas, ha cruzado fronteras y se ha manifestado en distintas partes del mundo.
Escribí debajo el texto completo de la nota. Separá normalmente los distintos párrafos.
Aunque el fenómeno social de las barras bravas ha trascendido fronteras, existen grupos demográficos y sectores socioeconómicos que aparecen asociados a estas organizaciones. El sentido de pertenencia, la función social de los clubes y la transformación de algunas hinchadas en estructuras vinculadas a la violencia y el delito forman parte de un problema que atraviesa al fútbol contemporáneo.
Aunque es cierto que el fenómeno social ha trascendido fronteras, se pueden considerar varios grupos demográficos o personas pertenecientes a determinados sectores socioeconómicos asociados a estos grupos.
¿Cuál sería el problema de que los clubes o asociaciones deportivas cuenten con un grupo de fanáticos con un amor incondicional por lo que representa, por los valores de la institución a la que se encuentran ligados de una forma u otra?
En los papeles, suena idóneo. Personas que comparten una misma pasión, un origen, valores, cercanía geográfica y, por ende, determinadas costumbres. Todas estas personas están ligadas por una misma razón, estar presentes en los eventos deportivos y sociales del club o institución de la que son aficionados o contribuyentes.
Personas de distinto nivel socioeconómico aportan desde el lugar que pueden con el fin de esperar resultados deportivos e institucionales frente a otros competidores. Los clubes siempre han sido un refugio frente al mundo exterior, abrazando a las personas más necesitadas, acompañándolas y cumpliendo incluso una función de escuela, guiándose por los valores del deporte, el compañerismo y la solidaridad con el otro, unidos para lograr un objetivo.
Pero llegó un punto en que todo aquello que los clubes representaban comenzó a cambiar. Al día de hoy, el problema es que algunas de esas comunidades sociales y deportivas son cómplices y, muchas veces, actores principales de organizaciones criminales que operan a escala nacional. Es una problemática que se ha instalado en países con una fuerte cultura futbolística. De esta forma, se ha alejado al aficionado común de los estadios y eventos deportivos, convirtiendo sectores de las tribunas en organizaciones con códigos propios, al mejor estilo de estructuras mafiosas, códigos de vestimenta, léxico, actitudes y, por sobre todas las cosas, valores que afectan el desarrollo y la convivencia de la población.
Una problemática con valor noticioso
El fútbol se convirtió, desde hace muchos años, en uno de esos lugares. Antes existía una imagen de un fútbol mucho más unido, algo que incluso se veía reflejado en la convocatoria a las tribunas. Estadios llenos de familias, un espectáculo agradable, acompañado por un ambiente familiar y precios accesibles. Son características que actualmente se han ido perdiendo.
El fútbol uruguayo se encuentra atravesado por discusiones vinculadas con sus dirigentes, inversionistas y empresarios, en un contexto marcado por la discusión sobre los derechos televisivos del fútbol uruguayo. Es en ese momento cuando ocurre algo interesante. Cuando el fútbol como producto deja de ofrecer la misma calidad, quienes siguen firmes son las masas de hinchas que llenan, a pesar del alto precio de las entradas, las tribunas todos los fines de semana. Entonces aparecen dos preguntas ¿Por qué esos hinchas continúan haciéndolo? ¿Qué tipo de hinchas son quienes permanecen? Una de las posibles explicaciones se encuentra en el sentido de pertenencia. El sentido de pertenencia puede entenderse como la necesidad humana de sentirse aceptado, apoyado y parte integral de un grupo o una comunidad. Permite construir identidad mediante valores, espacios y metas compartidas. A todos los hinchas, en mayor o menor medida, los atraviesa ese sentimiento de pasión y arraigo hacia un club o una institución. Sin embargo, existe una minoría significativa de fanáticos que concurre actualmente a estos eventos y que ha modificado la realidad de las tribunas respecto de lo que ocurría años atrás.
El sector familiar del espectáculo ha ido dejando de concurrir a los estadios. Eso no significa necesariamente dejar de seguir al club o perder completamente el vínculo con él, sino dejar de acompañarlo de manera constante. Entre los motivos aparecen el precio de las entradas, que ha alcanzado valores muy altos, la calidad del fútbol, que puede alejar a nuevos seguidores del deporte, y los horarios de los partidos, incluso con encuentros fijados durante el invierno a las 20.30.
Estas condiciones pueden alejar a una persona que no dispone del tiempo ni del nivel económico necesarios para sostener de manera permanente la asistencia a un partido y que, finalmente, decide realizar otra actividad. Pero ¿qué ocurre con las barras bravas y por qué actúan como lo hacen?
Estas personas pueden llegar a desarrollar una dependencia mucho más fuerte debido a diferentes factores.
En muchos casos, el sentimiento de pertenencia alcanza tal intensidad que algunas personas desarrollan conductas violentas bajo la idea de “hacer todo por su equipo” o actuar “en nombre de su equipo”, llegando en situaciones extremas a la delincuencia, el crimen organizado e incluso el consumo de drogas.
El consumo de drogas puede colocar a una persona en un estado de euforia que, combinado con la experiencia compartida con personas afines dentro de un círculo social como puede ser una barra brava, genera una combinación capaz de reforzar esos mecanismos de dependencia y escape. Estas personas pueden acudir a esos escapes y a la necesidad de sentirse parte de un grupo porque, en determinados momentos de sus vidas, no encontraron el acompañamiento suficiente para mantenerse a flote.
En algunos casos, el fanatismo se convierte en uno de los principales elementos que encuentran para sostenerse.
La falta de educación, la ausencia de acompañamiento dentro de los círculos sociales primarios, como la familia y los amigos, los problemas laborales y relacionales, las malas influencias y un Estado que no logró proteger a determinadas personas frente a un contexto adverso pueden contribuir a que estos grupos se vuelvan más fuertes y sus integrantes más dependientes de ellos, dentro de una especie de retroalimentación constante.
A medida que algunas familias se alejaron de los estadios y que la cultura vinculada al narcotráfico comenzó a adquirir mayor presencia en las calles, determinados grupos empezaron a convertirse en algo más que agrupaciones de aficionados y comenzaron a organizarse de otra manera.
Algunos grupos o facciones de las barras bravas comenzaron a ser reclutados por bandas criminales o incluso a formar sus propias organizaciones, en algunos casos bajo la idea de actuar “en nombre del club”.
Cuando esa pertenencia se convierte en una motivación central, puede generarse una retroalimentación que permite que organizaciones criminales aprovechen a integrantes de estos grupos para realizar actos ilegales bajo la idea de hacerlo en honor al club, a la barra o a sus propios compañeros.
Dentro de determinadas barras también aparece la lógica de “ganarse el respeto”. En ese contexto, quienes ocupan lugares de poder pueden utilizar a los integrantes más jóvenes, a los recién llegados o a quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.
De esta manera puede instalarse un falso sentimiento de pertenencia utilizado para beneficio de quienes controlan esas estructuras, acompañado por la promesa del dinero rápido y del reconocimiento dentro del grupo.
Es allí donde la pasión futbolística, el sentido de pertenencia y la necesidad de formar parte de una comunidad pueden comenzar a cruzarse con otra realidad, mucho más compleja, en la que el fútbol deja de ser solamente deporte.
(*) Esta nota fue reescrita a partir de una propuesta de investigación periodística del autor.
No escribas nada aquí. El docente seleccionado mediante la etiqueta DOCENTE: aparecerá automáticamente al final de la nota.