Femicidios y la complicidad (in) inconciente de los hombres
Completá la nota siguiendo el orden que aparece a continuación. Este es el mismo orden en que se verá publicada.
En Etiquetas seleccioná además:
AUTOR: Nombre Apellido
FOTÓGRAFO: Nombre Apellido
DOCENTE: Nombre Apellido
y la sección correspondiente.
No es necesario borrar las indicaciones: desaparecerán automáticamente cuando se muestre la nota publicada.
El título se escribe en el campo «Título» de Blogger, ubicado arriba de esta área.
Escribí debajo la primera bajada de la nota. Máximo: 150 caracteres con espacios.
El machismo y su cultura, desde la llegada de las redes sociales, ha crecido y empeorado en el correr de los años.
No escribas nada aquí. El autor se tomará de la etiqueta AUTOR: y «Publicado por» se completará automáticamente con la cuenta de Blogger.
Colocá el cursor en el espacio siguiente y utilizá el botón Insertar imagen de Blogger.
Escribí debajo el pie de la fotografía. El crédito del fotógrafo se agregará automáticamente desde la etiqueta FOTÓGRAFO:.
Escribí debajo la segunda bajada. En la publicación aparecerá destacada y con la línea roja lateral.
Hoy, los canales de streaming y la facilidad que tenemos de haber pasado de ser consumistas a creadores y consumistas de productos digitales, nos lleva a que la viralización de cualquier tipo de material sea inmediata.
Escribí debajo el texto completo de la nota. Separá normalmente los distintos párrafos.
En nuestro país, al 2025, cada 10 días, según el Ministerio del Interior, matan a una mujer o intentan asesinar a una por ser mujer. A su vez, se registró una denuncia cada 12 minutos de violencia sexual o doméstica, aumentando así el número a casi el doble del 2015.
Y sin embargo, cada vez que ocurre un femicidio, la conversación pública se corre del foco del crimen, hacia la víctima. Qué hacía, con quién estaba, cómo se vestía, por qué no se fue antes. La pregunta que casi nunca aparece con la misma fuerza es la más obvia: ¿qué hizo él? Y detrás de esa, otra que nos incomoda todavía más: ¿qué hacemos nosotros?
Porque el problema no empieza ni termina en el hombre que dispara o levanta la mano. Empieza mucho antes, en los grupos de WhatsApp donde uno se ríe del chiste, en la reunión o baile donde se celebra una conquista, en el silencio del que mira y no dice nada, en la familia. El machismo no vive solo en los casos extremos, vive, sobre todo, en los menos esperados, ¿o si?.
Las redes sociales no crearon esta cultura, pero le dieron un altavoz y una audiencia gigante. Hoy un video de un hombre humillando a una mujer puede tener más reproducciones que una campaña de concientización. El algoritmo no tiene ideología, pero sí tiene lógica: lo que genera reacción, se amplifica. Y el morbo genera reacción.
El contenido de consumimos
Las plataformas digitales no son neutrales. Lo que elegimos ver, compartir y monetizar con nuestra atención, dice algo sobre lo que como sociedad toleramos, y en muchos casos, sobre lo que celebramos.
Algunos ejemplos que vale la pena detenerse a mirar:
La música
La cosificación de la mujer ante la sociedad en las letras del reggaeton, normalizan esa imagen de posesión del hombre hacia la mujer. Este género es nacido de Costa Rica, consumido en todo el mundo, pero no hay que alejarse tanto, pensemos en la “vieja plena uruguaya” y sus letras al punto de casi violentas muchas veces como “la cumbia tanga” de L´Autentika, “azuquita pal café”, adaptada al uruguay por Ernesto Negrín y su Conjunto Casino.
En argentina con el rock pasa lo mismo en “Auto rojo” de Vilma Palma e Vampiros. Estos ejemplos, que son pocos de los muchos más que se podrían nombrar, nos lleva al pensamiento de si es una cuestión meramente artística o es la cruda realidad, trayendo el debate que genera grados de pensamiento y defensa de algo que no lo es, además del consumo de estas sin cuestionamiento previo.
Los streamers y el "humor" que no es humor
Al igual que sucedía en la tele, los streamers de las plataformas digitales, usan comentarios degradantes hacia mujeres pares a ellos o de otras, por ejemplo, en sitios web donde se interactúa con desconocidos, cosificando y atacando la imagen femenina, siendo avalado el comentario en el momento por sus visualizadores, que luego crean recortes de videos que se hacen virales y reconocen su error luego de la viralización, terminando siempre en la misma película: comentario machista, viralización, pedido de disculpas, y así sucesivamente, sin una cancelación social fuerte, en la mayoría de los casos.
OnlyFans y la doble moral del consumidor
La plataforma de contenido para adultos, genera la doble vara de pensamiento, ligado a lo que recalcamos al inicio con los comentarios de la gente. El hombre consume y paga suscripciones a estas plataformas para luego, cuando alguien famoso se incorpora a ellas o una de estas mismas se viraliza en estas plataformas, juzgar o exponer a las creadoras de contenido en las redes sociales a través de comentarios o la búsqueda de visibilidad exponiendo el material comprado, entra entonces en juego el leaking o filtración en español.
Estas filtraciones no solo son del material que se compra sino del que se toma sin consentimiento, colaborando así al machismo en su más puro estado, tomando estos materiales como premios o logros a compartir con amigos o desconocidos, siendo una infracción a la ley de privacidad de la otra persona. El morbo en su estado más claro.
Los comentarios de redes
Este 2026 en Argentina se vivió un claro ejemplo de ataque machista que no solo involucró a hombres. En el canal de streaming Luzu TV, la actriz y periodista Florencia Peña, informó en vivo que Jorge Messi, el padre del reconocido jugador del seleccionado argentino Leonel Messi, había fallecido. Esta información que se confirmó minutos después que era falsa, repercutió en todos los medios y redes sociales atacando a la conductora, a la producción del programa y dueños del canal.
En el mismo mes, el actor y cineasta Diego Recalde, luego del femicidio de una menor de edad, en el canal Crónica TV decía: "Hay una soltura física que hace pensar que hay un recorrido y yo a veces comparo. Y te das cuenta (…) no estoy diciendo que es un delito acostarte antes del tiempo que la ley lo permite, lo que te digo es que te das cuenta cuando hay un cuerpo que tiene un tránsito distinto a un cuerpo virgen", y fue en este caso, donde solo colectivos feministas y mujeres salieron a atacar estos dichos y no se generó tanta repercusión en redes como en medios, ya que todos los medios hablaron del caso de Peña, pero casi ninguno de Recalde.
Pararse ante estos dichos, pensar realmente qué es lo que se consume es parte de la sociedad que vamos creando y no escondernos detrás de un nombre inventado y una foto que ni siquiera es nuestra para opinar.
La comodidad
Uno de los comportamientos más extendidos, y menos cuestionados, es el del hombre que "no es así" pero tampoco hace nada. El que no pega, no insulta, no acosa, pero tampoco interrumpe cuando otro lo hace. El que comparte la indignación en redes después del femicidio pero se queda mudo en la mesa cuando el comentario machista lo pone en evidencia a alguien cercano.
Esa comodidad tiene un nombre: complicidad pasiva. Y es, en términos de escala, probablemente más dañina que los casos aislados de violencia extrema, porque es la que normaliza el terreno donde esa violencia crece.
No alcanza con no ser el problema. En el momento en que tenemos los datos que tenemos, en el momento en que una denuncia cada 12 minutos deja de ser una estadística y empieza a ser el ritmo de vida de miles de mujeres en este país, la neutralidad dejó de ser una opción válida.
¿Qué nos queda entonces por hacer?
No un discurso, no una postura en redes que dura hasta que el tema deja de ser tendencia. Se espera incomodidad real. Se espera que la conversación que tenemos en público sea la misma que tenemos cuando no hay nadie mirando. Se espera que el hombre que dice estar en contra de la violencia de género lo demuestre en los espacios donde esa violencia se construye, no sólo en los donde ya está condenada.
El femicidio es sólo la punta del iceberg. Debajo está todo lo demás: el control, el acoso, la minimización, el "era una joda", el "algo habrá hecho". Y debajo de todo eso, estamos nosotros, mirando para otro lado y llamándole a eso no tener nada que ver, cuando en realidad, tenemos mucho que ver.
No escribas nada aquí. El docente seleccionado mediante la etiqueta DOCENTE: aparecerá automáticamente al final de la nota.