Alejandro Balbis: "Siempre fui atrás de lo que me emocionaba"

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En medio de una apretada agenda de giras por Argentina y Uruguay, el músico Alejandro Balbis conversó con estudiantes de la escuela de Comunicación Social de UTU.

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¿Si volvieras a vivir tu vida te dedicarías a la música?
Hay tantas cosas hermosas para hacer en la vida. La música es linda, es divertida. Yo siempre fui atrás de lo que me emocionaba y me divertía, ¿viste? No sé si fui atrás de lo que "tenía" que hacer; según mis viejos, seguro que no. Eran personas increíbles y cultas, pero hubiesen querido que hiciera algo en una facultad, aunque sea música. Pero arranqué para otro lado, justamente por el carnaval que, en aquella época, sobre todo, estaba por fuera de lo que se consideraba cultura uruguaya.

El carnaval se fue incorporando, se volvió masivo y transversal a nivel socioeconómico en los últimos treinta años, tal vez menos. Pero antes era un fenómeno de los barrios periféricos, de las clases trabajadoras. No de las clases medias, mucho menos de las altas, y de los cajetillas, menos que menos.

Eso incluía a mis propios padres, que eran muy buenas personas, súper esclarecidas y cultas. Eran uruguayos nacidos en los años veinte al calor de las leyes del Batllismo, que convirtieron a este país en una punta cultural a nivel mundial. Una generación iluminada que rompió el molde. Pero incluso mi viejo, con todo ese iluminismo en su matriz educacional, tenía un desprecio tremendo por el carnaval. O más bien un desconocimiento que ofendía. ¿Cómo vas a vivir a diez cuadras de un tablado y no haber entrado nunca en tu vida? Ahí hay algo de clase, y eso empezó a cambiar no hace mucho.

No solamente se volvió transversal a nivel de público, sino también de los mismos hacedores. Ya no son solo los carnavaleros que estuvieron aislados durante un siglo; empezaron a desembarcar en el carnaval actores, puestistas en escena, vestuaristas y maquilladores de todos los mundos. A mí me maquillaba una persona para el Teatro de Verano que después me maquilló para una película.

Eso era impensable antes de la década del ochenta; directamente no existía. Había un desprecio por el carnaval, un desprecio de clase que con los ojos de hoy se ve muy desagradable. Pero tampoco podés juzgar aquello con la mirada actual; hay que verlo con perspectiva histórica.

¿Y tu familia vio un poco este cambio y lo vivió contigo?
Sí, claro. Pero primero fue duro; sobre todo para mi padre.

¿Qué efecto tuvo la murga Contrafarsa en tu vida?
Todo arranca ahí. Nos pusimos Contrafarsa después de estar siete u ocho años juntos, llamándonos de otra manera; siendo niños primero y adolescentes después. Pero al principio pasamos unos ocho años cantando durante todo el año, excepto en carnaval, que nos sentábamos a mirar y a aprender.

¿Por qué crees que llegó tanto a la sociedad uruguaya y que hasta el día de hoy sea tan reconocida?
Creo que fue producto de su época, aunque ahora hay nuevas generaciones que no tienen mucha idea. Pero Contrafarsa puso la vara en otro lugar. Sobre todo, por la dirección del 'Pitufo' Lombardo, que también surgió de ahí y marcó un antes y un después en lo que respecta a arreglos corales y a la musicalidad de la murga.

Es algo que ya es un hecho, lo que convierte nuestras opiniones en algo totalmente irrelevante e insignificante. Si te gusta o no la murga con mujeres, ya no importa. En mi opinión, depende de qué mujer y de qué hombre estemos hablando: no cualquiera puede cantar en una murga, sea varón o mujer.

¿Cómo te sentiste con el regreso de Falta y Resto en el último carnaval?
Hermoso. Seguirle la cabeza al 'Flaco' Castro en esta etapa de su vida estuvo buenísimo, al igual que disfrutar de la voz del 'Zurdo' Bessio en el escenario. Este año que viene no lo vamos a tener y yo lo voy a extrañar. La murga estaba muy bien arreglada y dejó cosas que quedan para siempre. Nos divertimos mucho y nos reímos como locos.

Viviste mucho tiempo en Argentina, ¿fuiste parte de ese proceso en el cual la murga uruguaya llega a ese país?
Cuando yo me mudé a Argentina hace treinta años, no existía la murga de estilo uruguayo. Existía solo la murga porteña, que no necesitaba explicar su estilo porque era el de ellos; algo muy distinto a lo que hacemos nosotros. Allá apenas conocían los coros de las canciones de Jaime Roos y un poco a la Falta y Resto.

Hay gente que dice que el desembarco de nuestro estilo allá es culpa mía, pero creo que es un montón. En realidad, eso llegó a mi camino dando clases: tenía dieciséis grupos por año, y en algunos talleres había veinte, treinta o cuarenta personas. Pasó mucha gente, durante muchos años y por todo el país. Se armó un lío bárbaro, pero ¿qué le vamos a hacer?

Es que la murga es una cosa muy bonita y muy divertida de hacer. Es un colectivo diseñando un espectáculo que tiene su propia forma, su estética musical y su formato. Todos colaboran y estamos en una misma línea cantando; algunos se destacan un poquito en un momento, pero vuelven enseguida a la cuerda. El solista de murga es muy distinto al artista que interpreta canciones; no tiene nada que ver el desempeño vocal ni la energía. El murguista canta cuatro compases y se vuelve a la cuerda, entonces en esos cuatro compases la tiene que romper, la tiene que mandar al ángulo. El que canta canciones, en cambio, tiene que empezar despacito y manejar otro nivel de exactitud.

¿Cómo te sentís en tu carrera solista?
Si me voy de gira muchos días solo, al principio empiezo a extrañar tener a alguien al lado en el escenario, pero después ya no. A mí me gusta tocar: solo, acompañado, con la murga o sin ella. Siempre me sienta bien subirme a cualquier escenario y con cualquier artista; me encanta adaptarme a la música de otros. También disfruto pila cuando me dirige el 'Pitufo' Lombardo; me parece tan cómodo como estar sentado en una poltrona hermosa, tirado para atrás en un bondi que va a alta velocidad. Sé que así todo va a estar perfecto. Pero a la vez me fascina ser solista, hablar con la gente y contarle cosas.

Disfruto de las dos facetas. Me encanta cantar en la cuerda de segundos y hacer lo que hice durante tanto tiempo en miles de shows a lo largo de cuarenta y cinco años, haciendo cien tablados por carnaval o más. Eso lo hago con mucha comodidad, pero cantar solo también tiene lo suyo: ahí tenés toda la responsabilidad, mientras que en la murga sos apenas una diecisieteava parte del todo.

¿Como solista tenés un equipo permanente?
Sí, hay equipo, pero no somos muchos; no tengo un gran despliegue. La verdad es que en cualquier momento voy a tener que hacer crecer un poco la estructura, pero para eso tendría que cambiar la situación en Argentina, que está bastante complicada. Está difícil hacer la diferencia allá, la gente la está pasando muy mal.

Al componer, ¿pensás primero en la música o en la letra, o eso va cambiando?
En ocho de cada diez casos, hago primero la música. A veces el proceso es al revés, pero nunca queda exacto lo que escribí originalmente porque después lo tengo que adaptar a la nueva melodía. Salvo que la letra la haya escrito otra persona y me toque musicalizarla; ahí sí hay que respetar cada coma o consultar con el autor.

Ahora vivís en el campo, ¿eso te inspira?
Sí, pero ¿sabés cuántas canciones hice en estos últimos diez años que vivo en el campo en comparación con los veinte años que viví en Buenos Aires? Allá llegué a vivir en un monoambiente que ni siquiera tenía ventanas a la calle, pero Buenos Aires le gana al campo como por cinco a uno en cantidad de canciones y en producción.

De todas formas, eso también tiene que ver con otras cosas. Con el nacimiento de mis hijos cambia todo; ahora tienen trece y diez años. Yo creo que la paternidad jugó un rol importante y la energía arrancó para otro lado.

De tus canciones, ¿cuál dirías que es tu mayor logro?
Si nos referimos a lo que quiero expresar artísticamente, eso va cambiando. Me va gustando una y después otra. No es que la primera me deje de gustar, sino que conecto con una nueva dentro de mi rango de interés; paso un tiempo con esa hasta que aparece otra. Pero si voy estrictamente a los números, durante años "El gran pez" fue la canción que abrió la brecha. Hoy quedó en segundo lugar y "Canción con vos" pasó a ser la primera.

¿En los años difíciles, en los ochenta o noventa, alguna vez soñaste que ibas a tener la repercusión que tenés ahora?
No, famoso más o menos. En Uruguay las cosas son distintas: te bajás del escenario y te tomás el bondi con los mismos que te estaban idolatrando minutos antes. No hay artistas inalcanzables. Tenés el ejemplo de Rada. Jaime Roos se encierra un poco más, pero tarde o temprano lo ves. Al 'Enano' Sebastián Teysera, de La Vela Puerca, lo podés encontrar en cualquier bar del país, y a Emiliano Brancciari, de No Te Va A Gustar, también.

Estoy hablando de los artistas que han tenido más llegada en la gente y más productividad. A cualquiera de ellos te lo encontrás en cualquier lado y todo el tiempo.

¿Creés que los medios de comunicación uruguayos brindan suficiente espacio a los artistas nacionales?
Creo que no. Me parece que hay artistas que merecerían que los difundieran un poco más, pero la realidad es que esto tiene que ver con los negocios. Por otra parte, las lógicas han cambiado por completo. Antes, cuando existían los medios de alta rotación, uno consumía grandes cantidades de pocos artistas: aquellos que destacaban y que a la vez eran elegidos por las élites megamillonarias de los sellos discográficos del mundo.

Ahora, en cambio, se consume un poquitito de un montón de artistas. Es otra historia, otra cosa.
Todo está cambiando a una velocidad difícil de digerir en una misma vida. Antes las cosas cambiaban a medida que cambiaban las generaciones; ahora vivís en tres mundos distintos dentro de una misma vida.

Para sacarte un poco del tema de la murga y el canto, ¿qué otra pasión o actividad te gusta hacer?
Me gusta cocinar, manejar mi auto y juntarme con amigos a beber y charlar. Tan solo por el hecho de encontrarnos a beber y charlar, nada más.

Cuando vas en el auto, ¿escuchás música o radio?
Escucho música solo por trabajo; si no, prefiero sintonizar actualidad, noticias, informes periodísticos y podcasts. Sigo a diario programas de periodistas que, como no puedo escuchar en vivo, los busco después. Me interesa saber lo que está pasando y estar informado; es algo que me atrapa y me divierte, por más que el ritmo de hoy sea vertiginoso y estresante por momentos. A veces los monstruos tocan a tu puerta y el infierno se siente cerquita. Un ejemplo de eso es lo que pasó en la Facultad de Medicina.

Y cuando escuchás música, ¿qué elegís?
La música de siempre, la que me configuró. Mercedes Sosa, por ejemplo, me rompe la cabeza; también Billie Holiday. Me gustan mucho las canciones interpretadas por mujeres. Salvo por Alfredo Zitarrosa, en materia de solistas prefiero a las mujeres, siempre son mejores. Escucho a Aretha Franklin, Whitney Houston o a la cantante peruana Chabuca Granda.

¿Cómo estás de trabajo actualmente?
Con muchísimo laburo. Tengo gira todos los fines de semana de acá hasta diciembre. Algunos fines de semana toco de jueves a domingo, y el miércoles ya tengo show de nuevo, sobre todo en Argentina. Se vienen unas fechas grandes en Buenos Aires y una muy especial en Montevideo, el 10 de diciembre en la Sala Zitarrosa, donde voy a estar con invitados hermosos. Y después, por supuesto, sigo también con la murga.
8 · DOCENTE SUPERVISOR
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