El lenguaje que lastima a las personas con depresión


 "Está en tu cabeza"  y "Salí, tomá un poco de aire, te va a hacer bien”, frases que cualquiera escuchó alguna vez, dichas por gente que quiere ayudar.




Las palabras a veces duelen. 


El problema es el resultado porque el lenguaje cotidiano, en vez de ayudar, invalida el dolor de quien atraviesa una depresión. La depresión clínica no es estar triste un rato. Para que se la diagnostique, los síntomas tienen que ser intensos, prolongados en el tiempo y alterar el funcionamiento previo de la persona. No es un bajón de una tarde. Confundir ambas cosas es el primer error, es pensar que lo que la persona hace es por una actitud o decisión personal, algo que en definitiva es una condición médica.

 La psicóloga Sabrina Romanoff lo explica con una imagen difícil de discutir. Pedirle a alguien que “se anime”, es como pedirle a una persona con la pierna rota que corra una maratón. Por su parte, la psiquiatra Leyla Morillo suma otras frases  que no se le debe decir a las personas que están pasando por un mal momento: "no es para tanto" o "hay gente con problemas más graves". Todas funcionan igual, porque minimizan el dolor ajeno comparándolo, ignorándolo o convirtiéndolo en cuestión de voluntad. A esto se le suma el positivismo tóxico.

La exigencia social de estar bien, de sacarle el lado positivo a todo, incluso a lo que no lo tiene en ese momento. "Mañana lo vas a ver todo distinto", "sos fuerte, vas a salir de esta", "nada es para siempre" funcionan como un cierre apurado de una conversación incómoda. Acompañar es otra cosa.


¿Por qué se dicen estas cosas? 

Al fin y al cabo detrás de estas frases no hay maldad, pero si hay ignorancia, gente que tal vez  nunca atravesó algo así y no tiene herramientas para ayudar o acompañar. Y ahí aparece un matiz que conviene no pasar por alto. La experiencia propia tampoco te exime de ser ignorante. Haber pasado por una depresión no convierte automáticamente a nadie en alguien que sí sabe acompañar a otro que la está pasando.

Lo que sí cambia el panorama es que existe otro modelo, documentado y accesible. Organismos de salud como el Departamento de Salud de Estados Unidos recomiendan preguntar cómo se siente la persona, ofrecer escucha y apoyo, recordarle que no está sola y que buscar ayuda profesional es lo mejor que puede hacer. La Organización Mundial de la Salud sostiene el mismo principio, escuchar sin juzgar antes que aconsejar.

Esa información es pública, gratuita, está en español y a un clic. Por eso la ignorancia, llegado este punto, deja de ser una excusa inocente. Se puede no saber qué decir, pero no buscar la respuesta cuando está tan cerca, ya no tiene excusa.

La próxima vez que alguien cercano esté atravesando algo así, en vez de decir "salí un poco que te va a hacer bien", vale la pena preguntarse:  ¿esto es para ayudarlo a él, o para que yo deje de sentirme incómoda con su dolor?